¿Cómo encontramos a «los demás»?

Esta es la tercera entrada en la serie “¿Hay alguien ahí fuera?” que iniciamos hablando de la Ecuación de Drake y continuamos con la Paradoja de Fermi. Hoy trataremos acerca de cómo tratar de resolver la susodicha Paradoja empíricamente – encontrando otras civilizaciones inteligentes, si es que hay algo que encontrar (dirimir la Paradoja llegando a la conclusión empírica de que no hay nadie puede ser muy difícil).

¿Dónde está todo El mundo?
¿Dónde está todo El mundo?

Puesto que nuestra tecnología actual no permite los viajes interestelares, la única manera que tenemos de encontrar a “los otros” es o bien detectar en nuestro propio sistema solar huellas de paso de otras civilizaciones o, desde nuestro sistema, síntomas de vida inteligente en otros sistemas estelares : pueden ser señales enviadas a propósito por otras civilizaciones, o no ser intencionados; y pueden no ser señales, sino cambios al medio natural que son detectables desde aquí y necesariamente artificiales.

Nuestros sistemas de detección actuales no podrían, probablemente, detectar una civilización preindustrial. Una de nuestro nivel tecnológico no es tan fácil de detectar (no podríamos detectar nuestras propias emisiones casuales de radio a más de unos pocos años-luz de distancia), y cuanto más avanzada sea, como veremos en este artículo, más fácil será de detectar (salvo que se esté escondiendo). La razón es que cuanto más avanzada es una civilización mayor es su capacidad (y en muchos casos necesidad) de cambiar el medio natural. Desde luego, una civilización extraterrestre_ “hippie”_ que no cambie el medio para nada no sería detectable de este modo.

El primer método, y probablemente el más conocido, de detectar vida extraterrestre, es** el programa **SETI (Search for Extra-Terrestrial Intelligence, Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), que utiliza los radiotelescopios astronómicos para tratar de detectar señales inteligentes en el espectro radioeléctrico. Ya hemos hablado del programa en anteriores ocasiones, por ejemplo cuando mencionamos el programa BOINC con el que se puede colaborar con SETI.

Este esfuerzo conjunto de muchos organismos académicos, que fue por cierto iniciado por Frank Drake (el de la Ecuación) no ha detectado ninguna señal que sea incontrovertiblemente inteligente. No es fácil que lo haga por la cantidad de firmamento que barrer, el poco tiempo que se destina a _SETI _en los radiotelescopios (un tiempo muy precioso), y la enorme capacidad de proceso que hace falta para verificar estructuras potencialmente inteligentes en las señales recibidas – que, como hemos dicho, deben ser intencionadas si vienen de muy lejos o probablemente su intensidad será tan pequeña que nos pasen desapercibidas.

Una segunda manera de descubrir civilizaciones no humanas en la galaxia es mediante la observación directa de planetas extrasolares. En el momento actual, nuestra tecnología nos permite hacerlo de una manera bastante burda (aunque estamos mejorando poco a poco y obtenemos más información cada vez), pero no es absurdo pensar que podamos detectar pistas de vida y, tal vez, de vida inteligente: oxígeno en el primer caso y trazas de gases como freones (por ejemplo, CFCs) en el segundo. Sin embargo, este sistema de encontrar a “los demás”, si están ahí fuera, necesita de gran precisión y minuciosidad, además de una tecnología más avanzada que la que tenemos ahora.

Más interesante es el siguiente razonamiento, que nos lleva al tercer método: si hay otras civilizaciones ahí fuera, probablemente no somos los más antiguos. Dada la edad del Universo, puede haber otras especies que hayan alcanzado la era postindustrial hace cientos de miles o millones de años. Si es así, y si su curiosidad es parecida a la nuestra, es posible que hayan encontrado maneras de explorar el Universo y que hayan dejado indicios en nuestro propio Sistema Solar – que ya hayan pasado por aquí, tal vez hace miles de años.

El genial matemático y físico John von Neumann propuso el concepto de lo que hoy llamamos máquinas de von Neumann – máquinas capaces de autoreplicación, creando copias que puedan crear a su vez copias de sí mismas sin intervención humana.

Este concepto fue aplicado por otros físicos a la exploración espacial: podrían existir _sondas de von Neumann, _es decir, máquinas de von Neumann programadas para extenderse por la Galaxia. Una civilización podría construir unas cuantas, dispersarlas por los sistemas estelares más próximos y darles orden de dirigirse a los cinturones de asteroides, obtener materiales y crear copias que vayan a otros sistemas. Después, la sonda original de ese sistema podría explorarlo y radiar la información de vuelta a la “base”. Esta exploración se produciría en progresión geométrica y sin necesidad de gastar más recursos por la civilización originadora de las sondas.

Un sistema de sondas de von Neumann, que al no estar tripuladas podrían desarrollar grandes aceleraciones que matarían a una persona y replicarse en progresión geométrica, probablemente podrían explorar la galaxia completa en medio millón de años. Si esto ha ocurrido, podríamos encontrar signos de que ha sido así: para ello deberíamos dirigirnos a los lugares en los que más materias primas accesibles hay (como el cinturón de asteroides) e intentar detectar alteraciones artificiales.

Hasta ahora, desde luego, no hemos detectado nada – lo cual no quiere decir que no haya ocurrido. Los lugares en los que mirar son muchísimos (además del cinturón de asteroides, el cinturón de Kuiper, la nube de Oort…), y las alteraciones podrían ser difíciles de identificar.

El físico y matemático Ronald Bracewell propuso otro tipo de posibles sondas, las que llamamos sondas de Bracewell (que podrían serlo además de ser sondas de von Neumann, ya que no son incompatibles) que podrían permanecer “dormidas” en un sistema estelar hasta detectar indicios de inteligencia y entonces hacerse visibles y entablar comunicación con la inteligencia descubierta de forma autónoma. Estas sondas, combinadas con la autoreplicación, podrían dejar centinelas en todos los sistemas potencialmente inteligentes y despertar en los que alcanzan la inteligencia.

Las sondas de Bracewell, de existir, tendrían una Inteligencia Artificial _capaz de comunicarse con la vida descubierta y enviar los resultados de su comunicación al sistema de origen – sin dejar de conversar. De este modo, el problema del retraso interestelar entre mensaje y mensaje desaparece (por supuesto, si la _IA es suficientemente avanzada para poder fiarse totalmente de ella). Al igual que con las sondas de von Neumann, no hay indicios de que haya ninguna en nuestro sistema – pero podríamos no haber mirado donde deberíamos, o aún podría estar oculta.

También podemos tratar de detectar indicios de una civilización avanzada en otros sistemas estelares, sobre todo de civilizaciones con consumos de energía muy grandes. Por ejemplo, una civilización muy vieja puede necesitar tal cantidad de energía que construya una esfera de Dyson(propuesta como experimento mental por Freeman Dyson):_ una esfera que englobe totalmente una estrella._

La cantidad de energía absorbida por una esfera de Dyson (y que podría utilizar la civilización que la construyese) sería inmensa, como lo es la labor de ingeniería, por supuesto. Pero si alguna estrella está englobada en una esfera de Dyson, seríamos capaces de saberlo: al absorber tal cantidad de energía, las paredes exteriores de la esfera probablemente radiasen energía como un cuerpo negro, de modo que serían fácilmente identificables. Bastaría con buscar cuerpos negros de gran tamaño que se encuentran en el punto del sistema estelar donde se concentra casi toda la masa.

Sin embargo, una civilización aún más avanzada podría utilizar incluso la energía “de sobra” desprendida por la esfera de Dyson construyendo otras esferas concéntricas más grandes, de modo que cada una estuviera a menor temperatura y dejara escapar menos radiación del sistema. En ese caso probablemente no nos llegase nada de radiación de la estrella, lo cual también sería fácilmente detectable (pues sabríamos que hay masa en ese lugar).

Existen programas muy jóvenes de búsqueda de esferas de Dyson – por ejemplo, el Fermilab lo está intentando. Sin embargo, una vez más no hemos conseguido encontrar nada. De hecho, pensamos que una civilización realmente avanzada tendrá la capacidad de alterar el Universo de tal manera que sea evidente que está ahí fuera, pero no notamos nada raro en ningún sitio.

Pero, ¿qué es raro? De acuerdo con la “tercera Ley de Clarke”, enunciada por el escritor Arthur C. Clarke, Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Es posible que haya civilizaciones que hayan cambiado totalmente el comportamiento de regiones enteras del Universo, o del Universo en su totalidad – ¿cómo saberlo? ¿cómo saber que incluso las leyes físicas que conocemos no fueran diferentes y hayan sido alteradas por una inteligencia, y nos parezcan “naturales” simplemente porque son las que hemos conocido desde el principio?

Es decir, con otras palabras: las civilizaciones demasiado primitivas no cambian su entorno lo suficiente, y es posible que las realmente avanzadas lo cambien de una manera tan extraña para nosotros que no seamos capaces de darnos cuenta de que están ahí. Es posible que la solución más inteligente sea centrarnos en encontrar civilizaciones como nosotros o un poco más avanzadas que nosotros, pero no ininteligibles para nuestra capacidad.

Otra opción, finalmente, es intentar que nos encuentren a nosotros. Es decir, gritar “¡Estamos aquí!” figurativamente hablando.** Esto es lo que se hizo en 1974 con el Mensaje de Arecibo**: se apuntó el radiotelescopio de Arecibo hacia el _cúmulo globular M13 _(por tratarse de un grupo denso de estrellas, de modo que todas pueden recibir el mensaje) situado a 25.000 años-luz del Sol.

El mensaje contiene información que (al menos, eso esperamos) sea evidentemente una prueba de inteligencia y no una señal natural, además de contener información acerca de nuestro sistema y nuestra especie. Naturalmente, el mensaje de Arecibo tardará tanto tiempo en llegar (más el tiempo que tardase la posible respuesta en volver) que se trata más de un símbolo que de un intento práctico de contacto a corto plazo. ¿Quiénes fueron los encargados de redactar el mensaje? Entre ellos, Frank Drake y Carl Sagan, por supuesto.

Este artículo ya es más largo de lo normal, de modo que vamos a dejarlo aquí. Como siempre, si queréis que ampliemos algún aspecto podemos dedicar una entrada a un asunto particular para no aburrir a los que quieren una visión más general. ¡Esperamos que esta pequeña serie de tres artículos os haya resultado estimulante!

_______
Pedro Gómez-Esteban González. (2009). El Tamiz. Recuperado de: https://eltamiz.com/

Considera compartir esta publicación en tus redes sociales

Ir arriba
Ir al contenido